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Más que amigos

Marta se miraba nerviosa frente al espejo, dándose los últimos retoques antes de salir de casa. Era su segunda cita con Tomás y, después de lo bien que habían conectado la primera vez, no quería dejar nada al azar. Esperaba que todo saliera bien y terminara como tantas veces había fantaseado desde que se apuntó a esa web de citas, en la que solo había conseguido encadenar decepción tras decepción.
Al ser una noche cálida había escogido un elegante y sugerente vestido negro, con un escote no demasiado pronunciado pero con la espalda abierta y unos zapatos de tacón que le hacían parecer divina desde su metro con setenta y dos de altura, permitiéndole mirar al resto del mundo, Tomás incluido, por encima del hombro.
Diez minutos después de la hora convenida, para evitar tener que esperarle, llegó al bar propuesto por Tomás para tomar algo antes de cenar. Sólo cruzar la puerta lo vio, guapísimo, acodado en la barra, con su camisa blanca y unos jeans que parecían hechos a medida, mirándola con esa media sonrisa canalla que le hacía tan atractivo y que conseguía que se derritiera por dentro cada vez que asomaba.
Marta, nerviosa, se acercó intentando mostrarse natural y segura. Se dieron un beso no muy certero en la comisura de los labios, de esos engañosos que nunca acabas de saber si son intencionados o casuales. Sonrieron y mientras empezaban a charlar, pidieron un par de cocktails y se pusieron al día: Tomás, médico residente, solía tener poco tiempo libre, mientras que ella, colaboradora freelance en una editorial, disponía de muchas horas para sí misma, horas que aprovechaba para leer, pensar y sobre todo, imaginar.
Con la segunda copa, la conversación pasó de lo intrascendente a lo personal y Tomás aprovechó un par de ocasiones para besar y tomar de la cintura a Marta, recorriendo con los dedos su espalda desnuda y caldeando el ambiente mientras ella sonreía por dentro anticipando lo que estaba por venir.... pero al salir hacia el restaurante una llamada truncó sus expectativas: una urgencia que requería de Tomás.
Se despidieron y Marta, decepcionada, caminó de vuelta a casa. La segunda cita había ido bien, pero se sentía algo frustrada porque no había terminado como imaginaba, así que al entrar en casa, se descalzó mientras recorría el pasillo bajando la cremallera de su vestido y sacó de la nevera una botella de Chardonnay para servirse una copa. “Sofá, peli y manta” le pareció un consuelo muy poco glamuroso para las expectativas que se había creado, así que decidió celebrar el desengaño con todo el estilo posible y, por qué no, fantasear con lo que habría podido suceder con Tomás. Una bañera, unas velas aromáticas y su buen "amigo" eran todo lo que necesitaba.
Estirada en la bañera, con el agua apenas cubriendo su pubis y dejando al aire sus pezones, Marta entreabrió las piernas, cerró los ojos e imaginó a Tomás y su sonrisa pícara junto a ella. Alargó la mano y cogiendo a su vibrador, seleccionó una velocidad lenta que se acompasase con los movimientos naturales de su pelvis, para poder incrementarla a medida que se le fuera acelerando el pulso. Envolvió el vibrador con la mano, desplazándolo con movimientos circulares por sus pezones, clítoris y labios vaginales, demorándose en estos últimos mientras jugaba presionándolo contra su zona perianal y retrocedía de nuevo hasta su clítoris, disfrutando de su placentera y suave vibración, mientras se sumergía en una oleada de placer hasta conseguir llegar al clímax.
Exhausta, con las piernas temblorosas, sonrió satisfecha y se dijo a sí misma que la noche, en realidad, había terminado siendo todo un éxito.

Historia escrita por "Marta y Tomás"
Separados por el covid-19, se fueron intercambiando los textos por mail a medida que lo escribían, hasta concluir su história.
Ficticia o verdadera...solo ellos lo saben.